sábado, 16 de diciembre de 2017

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Contra la opinión del poeta Bartrina, el de si habla mal de España, es que es español, Rajoy ha declarado que lo último que debe hacer un español es criticar a España. Y tiene mucha razón: España solo es un terreno de juego, un inmenso Wembley sobre el que cada jugador puede mover el balón como quiera, siempre que no sea antirracista, comunista o independentista. La culpa de que disfrutemos del presidente más turbio y más tancredo de los últimos cuarenta años no es de España: es de los españoles.