viernes, 15 de diciembre de 2017

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¡Lastima! A veces me asombra todo lo que me parezco a Salvador Dalí: el mismo exhibicionismo, la misma charlatanería, la misma gana de llamar la atención, la misma profundidad pueril, la misma cobardía, el mismo miedo al sexo, el mismo horror a penetrar a una mujer, la misma tendencia a sublimar a una musa, el mismo narcisismo, la misma infantilidad. Claro que luego me pongo a dibujar y concluyo que bueno, en fin: tampoco me parezco taaaanto.