lunes, 13 de noviembre de 2017


Lo mejor de mi piso Maracaná es que es el primero desde que llegué a Madrid, hace catorce años, con la suficiente iluminación natural como para no tener que encender la luz por el día. Haber vivido siempre con luz artificial creo que ha influido en mi manera de escribir y hasta en mi costumbre de no encender mi cerebro sin darle antes a su interruptor.