domingo, 26 de noviembre de 2017

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Como Adorno sobre Auschwitz, yo también me voy a poner dramático: ¿se puede seguir pensando después del caso Catalunya? Me pregunto cómo se puede seguir confiando en esa tarea, la del pensamiento, después de que los intelectuales unionistas hayan dicho que no se puede conceder la independencia a los catalanes aunque el 100% de ellos se ponga a favor de ella, y hayan tratado de confundir los artículos más antidemocráticos de la constitución con la constitución entera y la democracia misma, alegando una falsa ciudadanía que solo pretende ocultar el nacionalismo propio; cómo se puede seguir creyendo en la honradez de las palabras, después de que los partidarios del independentismo hayan hablado de un “nacionalismo cosmopolita” que tiene todo de nacionalismo y nada de cosmopolita; y hayan presumido de un izquierdismo catalán solamente coyuntural, pues Catalunya ha sido más de derechas que el resto de España en los últimos cuarenta años, con el fin de ocultar que están pidiendo la secesión justo los habitantes de una de las zonas más ricas de Europa; cómo se pueden pronunciar las palabras “pienso que”, después de que los intelectuales de ambos bandos, con algunas excepciones que son como unicornios blancos pastando en medio de carneros sombríos, se hayan puesto a escribir delante del portátil con la bufanda española, los unos, y con la estelada, los otros, en lugar de conservar la calma, escuchar a las partes y tomar la distancia necesaria. A vosotros os acuso de haber apostado por el antisentido común y por lo más negro del irracionalismo. A vosotros os acuso de haber abrazado a Tertuliano y Zenón de Elea cuando ha llegado un momento crítico. A vosotros os acuso de envilecer el pensamiento y de arrojar gasolina al fuego: si a estas horas los catalanes aún no se están matando en las calles entre ellos, ¡no os lo tendremos que agradecer a vosotros, intelectuales de calderilla, sofistas de baratijo, raza nefasta de pirómanos!