jueves, 19 de octubre de 2017


Es un tópico decir que el paso de la antigüedad grecolatina a la cristiana supuso el cambio de los sabios por los santos como modelos que admirar, pero desde mi punto de vista, a los sabios y a los santos, más que admirarlos, hay que sufrirlos. El mismo rechazo me causa un Platón que un Job. De tener que aguantar a un sabio, prefiero a los que son como Diógenes o Montaigne; y de tener que aguantar a un santo, prefiero a Drukpa Kunley o a Santa Teresa, de quien Espido Freire dice: “Se aburría con San Juan de la Cruz porque él era demasiado serio y en cambio a ella le gustaba mucho hacer el gamberro”.