miércoles, 20 de septiembre de 2017


Estos colibríes que son mis ojos,
estas manzanas perdidas dentro de mi vientre,
este amanecer mío que se nubla a medida
que la carretera dobla y se acaban las ventanas,
ese cuerpo que falla, ese cerebro que renquea
mientras fuera la ciudad brilla a champán y nectarina…

¡Cómo crece el cementerio
de todos los hombres que pude ser y no he sido!
¡Tantas ideas perdidas, tantos trenes sin dueño,
y este corazón solo máscara
de otro corazón manido y caducado!

Ay de mí
y de todas las líneas de llegada,
blancas o rojas, de dragones siempre llenas.
Ay de mí
y de todos mis sueños sin musgo,
como geranios frescos vencidos por el petróleo.