viernes, 24 de febrero de 2017


Como cualquiera
yo también me sentí cinotauro y pegaso de mis impares,
valiente de una sola cuchara, única rama de los finisterres,
con tres manos para la navaja y siete para el sueño,

y sentí que el sufrimiento solo yo lo sufría a puente destruido,
que en mí los alfileres se clavaban con una punta más intensa,
como si mi cuerpo fuera un hangar de radares y retrovisores;

pensé que mi padre era olímpico;
que mi mente un stromboli de leones;
que las mujeres que amé
una prímula más altas,

como si no conociera esa ley
que ordena a lo recto sentirse oblicuo
y al blanco mirarse amarillo:
también en eso tardé en darme cuenta
lo mismo que cualquiera.