viernes, 11 de enero de 2013

27 meteoros negros y uno blanco


• • • • •  Empiezo el año hacia abajo y pensando en Iratxe y mi padre, ese clásico. Pero ahora existe un nuevo invitado: Natalia. Y me acuerdo del poema de Sarrionandia, el del recluso que contempla a una araña cayendo lentamente del techo.

• • • • •  Siempre llevo agua a las macetas de mis muertos; jamás sin cebada los pesebres de mis desaparecidos: no soy más que una urna andante, un crisantemo, una ruina.

• • • • •  Me dejó Natalia, esta vez para siempre. Cuando es para siempre uno se da cuenta.

• • • • •  Cuando la gente me dice que soy muy vital me río mucho, porque toda mi fuerza procede del estiércol de mis muertos y toda mi obra nace desde la muerte y contra ella.

• • • • •  Me ha dejado Natalia. Me ha dejado Natalia. Me ha dejado. Dios, qué dinosaurio dentro, qué ganas de llorar tan tremendas. Ojalá me salga un cáncer así de negro en la punta del glande, ojalá venga el acabóse nuclear y una bomba de hidrógeno estalle justo en mi cabeza, que no quede ni una brizna de mí, basta ya, qué cansado estoy de mis huesos.

• • • • •  Felices aquellos que me hablan de sus ex novias y ex novios como unos viles y fariseos y hojalatas, y a continuación me presentan a la única persona de naranja pura y hombre/mujer-de-su-vida, que siempre es su actual pareja. ¿Estaré haciendo el ridículo más olímpico si digo que, en mi caso, Iratxe y Natalia eran dos planetas y que sólo yo estoy autorizado a hablar mal de ellas, al que lo haga delante de mí le muerdo, le arranco los dentros y los fueras y la misma cabeza?

• • • • •  Iratxe, mi madre y mis tres hermanas son las cinco personas que han configurado mi vida. No hay ninguna presencia masculina que jalone o desvíe mi existencia, mi padre se limitaba a mirar de lejos. A veces creo que los escritos sobre mi padre, el merodeo que he emprendido sobre su figura, no es más que el intento de superar el agobio al que me han sometido ellas, la espada que necesito para librarme de la imposición hembra. Como si hurgando en mi padre pudiera descubrir lo que me ha robado tanta presencia femenina, lo que yo podría haber sido, lo que quizá no sea tarde para ser.

• • • • • Yo salí con una mujer que soltaba jilgueros en el papel y los hacía cantar en glíglico, Natalia.

• • • • •  A la mierda el engaño del matriarcado vasco; claro que las mujeres mandan mucho en los caseríos, pero mandan porque han aprendido los modos del hombre: tanto mi madre como mis hermanas como Iratxe eran mujeres masculinizadas, mujeres de acero que me ordenaban, me gritaban y cargaban conmigo. Natalia sí que era una verdadera mujer, pero como me trataba bien... 

• • • • •  Mientras Natalia me amó yo os amaba a todos, me daba igual que fuerais nazis o pederastas o banqueros, estaba dispuesto a perdonaros, pero ahora que Natalia ya no me ama sucede que os odio, me da igual que seáis misioneros o activistas de Médicos sin Fronteras, ya no salvo a nadie.

• • • • •  He conseguido llorar, esa buena noticia. Pero lo extraño de mi llanto es el procedimiento. Comencé a cavar con Natalia, pero como con Natalia no conseguía llorar, seguí cavando en mi autolástima y di con Iratxe. Como con Iratxe tampoco lograba llorar, seguí cavando y di con el agujero visceral y absoluto, el protoproblema y centro de todas mis impotencias: mi padre. Sólo entonces lloré. No espero que entendáis el funcionamiento de mi cerebro, tampoco lo entiendo yo.

• • • • •  Cuando me marché de Lauros sin Iratxe y sin nadie, las cinco se reían: “Sin nosotras, no duras en Madrid ni un mes”. Pues ya llevo ocho años. Y no voy a decir si me va bien o me va mal porque esta noche no es la mejor noche para valorarlo, pero digamos que continúo. Sigo adelante y lo hago yo solo. No os necesito a vosotras para nada, no debo necesitaros.

• • • • •  Mi penúltimo gran error ha consistido en ir despedazando un póster de Freddie Mercury y las Crónicas de Honorio Bustos Domecq desde Noviciado hasta la Plaza de España, toda la calle llena de pedacitos de papel, madrugada del sábado al domingo, y es increíble la alegría que uno siente, lo que se puede disfrutar pedazo a pedazo mientras voy destruyendo mi vida en pedazos del mismo tamaño. Cuando volvía camino de casa, me arrepentí de haberlos roto en trozos tan grandes por lo poco que me duró el regocijo; luego diréis que los rencorosos profesionales no sabemos disfrutar de la vida.

• • • • • Yo salí con la mujer que cantaba en color violeta, la mujer que escuchaba los limones, la que dibujaba Astobieta a rotulador en la pizarra de Creta, Natalia.

• • • • •  En La vida está en otra parte, Milan Kundera dice: “En las casas en las que nacieron los poetas líricos, mandan las mujeres: la hermana de Trakl, las hermanas de Esenin y Maiakovski, la tía de Blok, la abuela de Hölderlin y la de Lermontov, el ama de Pushkin y ante todo las madres, las madres de los poetas, tras las cuales palidece la sombra del padre. Lady Wilde y Frau Rilke vestían a sus hijos con ropas de niñas. ¿Le llama a usted la atención que el muchacho se mire angustiado al espejo? Es hora de hacerse hombre, escribe el poeta checo Jiri Orten en su diario”.

• • • • •  Ninguna mujer más en mi vida; me hago daño y además no las merezco: a partir de ahora literatura y sólo literatura, que también es hembra.

• • • • •  Pero lo más duro de Natalia es que ha sido dejarme y al de unos días le ha vuelto su abejeo amoroso, ha comenzado a concebir viajes y ha recuperado su brillantez y ganas de escribir. Hasta ha encontrado trabajo. Cada vez que me asomo por su facebook es pura alegría. Y yo, aunque soy un rencoroso y un dándome-siempre-la-razón, tengo dentro de mí un espectador neutral que conserva un mínimo de honestidad y me dice: “Mírala. Desde que ha roto tu cerca no deja de crecer y de reír y de regalar piruletas a los ancianos. Recoge tus cosas con dignidad y apártate de ella, gilipollas”.

• • • • •  Recuerdo que le decía a Natalia en mis momentos megalómanos, chavala, recuerda que yo tengo hambre y tú sólo tienes talento, que yo soy de Lauros y tú sólo eres de Madrid. Pues bien: el talento madrileño acabó abandonando al hambre de Lauros. Acepto mi derrota: básicamente soy la derrota.

• • • • • La autolástima es una droga dura, lo digo mientras escribo esto, no sabéis lo que estoy disfrutando. Es un disfrute torcido y maligno, pero es un disfrute.

• • • • •  Cuando estás tanto tiempo con mujeres tan absorbentes y extraordinarias como he estado, el precipitado que te dejan es tan grande y el cambio que operan en ti tan profundo, que mi Batania de antes ya no es el mismo de ahora, es un Batania como después de la invasión alejandrina o el superviviente de una estampida de antílopes. Sigo siendo Batania pero mucho más. Un Batania iratxizado. Natalizado.

• • • • • Yo salí con la mujer de treinta esguinces en su mente, cuarenta esguinces, cincuenta esguinces, Natalia.

• • • • • Natalia. Esa chica ha cambiado los cables de mi cerebro, me ha multiplicado los zumos y venenos y me ha enseñado a explorar nuevos errores, ya no soy Juan Tirapiedras, nunca volveré a ser el mismo.

• • • • • No quiero que dejéis comentarios en el facebook. Necesito que sepáis mi caída y me consuela que sintáis mi ruina; pero no quiero que comentéis.

• • • • •  Una egolatría: salí con Natalia por la misma razón que los leones se aparean con las mejores leonas y los piojos prefieren los mejores cabellos y las montañas se comunican por las cumbres.

• • • • •  Mi padre fue un rebelde porque no era consciente de ello y todos sus ejercicios de rebeldía le perjudicaron hasta destruirse. Qué sospechosos los rebeldes adrede, los en-contra que se dan cuenta y persiguen y aspiran a la rebeldía. ¿Un iconoclasta que a cada ejercicio de rebeldía es aprobado, aplaudido, ascendido? Por eso mi padre fue genial y anónimo y yo seré popular y una mierda.

• • • • •  Lo que tengo que hacer es terminar “El hijo de Puskas” y cerrarle la boca a mi padre; escribir “Porque te amo tanto no quiero cambiarte” y cerrarle la boca a Iratxe; escribir “Prefiero Natalia a la revolución” y concluir a Natalia. Escribirlos y publicarlos en un año, este mismo año. Cerrar todo y presentarme en sociedad orgulloso de ellos pero liberado, porque una cosa es mitificar o embellecer o defender tu pasado y otra cosa es lo que yo hago, que me quedo a vivir en mis escombros, me detengo en mis llagas, las mido y les echo la plomada, me cierro a todo y me destruyo.

• • • • • Es increíble el calor que me está dando mi gata Lorca. No la llamo “nuestra gata” porque sé que a Natalia no le gustaría. Ayer se subió a mi cama y me despertó. Fue sorprendente, maravilloso, mucho más maravilloso porque Lorca es una gata medio salvaje que se asusta continuamente y a veces huye de mí. Me emocionó muchísimo, como si me dijera: “Perdona si interrumpo tu quiero-dar-pena, pero no estás solo: me tienes a mí”.

• • • • •  Tengo que recuperarme y lo voy a hacer. Javier Mascherano dice que Messi es un asesino a sueldo y Kobe Bryant que los anotadores son pilotos de combate. Así voy a ser a partir de ahora: como un asesino a sueldo y como un piloto de combate. Siempre al ataque.