lunes, 6 de agosto de 2012
Una reflexión de LUIS GARCÍA MONTERO
Considero el lenguaje como un espacio público en el que la incomunicación es desplazada por el entendimiento flexible de las singularidades. La apuesta por una recuperación del deseo moderno no fundado en el mal o en el prestigio oscuro de los infiernos, tiene además sus ventajas por lo que se refiere a las condiciones propias de lectura. Los mecanismos defensivos de la sacralización poética, desde el esencialismo de la poesía desnuda a la retórica del culturalismo, suelen conducir por lógica interna al sectarismo, incapacitando a sus sacerdotes para disfrutar de las tradiciones que no pertenecen a la misma religión. Hay poetas que abren los libros de los demás con la intención previa de enfadarse, de indignarse, de que no les gusten los versos, de considerarlos horrorosos, descalificando a los autores por los estilos más que por su voz personal
LUIS GARCÍA MONTERO, Inquietudes bárbaras, Anagrama, Barcelona, 2008, págs. 194 y 195
