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Koembiyú era liviana,
diminuta.
Su piel color cacao
del sabor de la yuca.
Su voz tenía
el sonido andino de la quena.
Era maíz dorada.
No conocía el mar.
Me enseñó en guaraní
unas cuantas palabras:
amiga,
río,
árbol,
estrella,
nube...
que rezo cada noche
en su memoria.
Como tantos
chiquillos guaraníes,
estaba condenada:
Se la llevó una estrella.
MARÍA SOCORRO LUIS, publicado ayer en Crítica Feroz (AQUÍ). María Socorro Luis escribe en el blog Socopoemas (AQUÍ)