jueves 15 de septiembre de 2011

PALABRAS DE MALA CRIANZA (1): ¿Debería recurrir el 15-M a la violencia para lograr sus objetivos?


NOTA: PALABRAS DE MALA CRIANZA es una sección de Batania y Jean Tarrou en la que se propone un debate, se pacta una pregunta y se discute sobre ella sin medir las palabras ni preocuparse por escrúpulos o chucherías de buena educación. 

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Natalia, amor, no te voy a soltar la cantinela de que la violencia degrada al que la practica o que nadie que se respete a sí mismo o al prójimo puede incurrir en ella, porque sé que los argumentos éticos te los limpias todos los días con la esponja de la ducha, y el mejor ejemplo lo sufrí hace tres semanas cuando me amenazaste con dejar de leer mi blog si continuaba mi recopilación de fragmentos, viñetas y frases célebres contra el fanatismo religioso (pues no sé si saben los lectores que Natalia es católica a machamartillo y, como el 99% de los católicos que he conocido, funda su catolicismo en saltarse todos los puntos de los evangelios). Y digo amenazar porque sólo llegaste a eso, ya que seguías leyéndolo todos los días, aunque ahora lo niegues y me saques no se qué melindres de viñetas sobre la pederastia, dejándome claro que tampoco tienes sentido del humor. 

Por tanto, Natalia, voy a tratar de convencerte por la vía estratégica: el 15-M no debe ser violento porque no nos conviene. No-nos-con-vie-ne. Este país ha salido a la calle de forma masiva dos veces en los últimos quince años, el primero con la muerte de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA y el segundo con el atentado islámico del 11-M, y la sociedad española ha criado anticuerpos contra todo lo que huela a violencia. Lo que quizá valga en Londres o Atenas o El Cairo no vale en España. El poder está deseando que cuatro taradas como tú corten las calles y se enfrenten a la policía para que al día siguiente los medios publiquen a cinco columnas nuestras relaciones estrechas con el terrorismo internacional. Tenemos la simpatía de gran parte de la opinión pública: la fortaleza de este movimiento se basa en que ha sacado a la calle a sectores que antes no salían y los ha aglutinado en tres o cuatro puntos que no pertenecen a la izquierda ni a la derecha sino que son patrimonio del sentido común, pero entre nuestra gente hay muchos sectores que no son revolucionarios sino sólo reformistas, y esas personas van a ser las primeras que abandonen el 15-M en el momento en que los cascotes sustituyan a las pancartas. Porque, evidentemente, si tú tiras una piedra contra un agente de policía, al día siguiente sólo se va a hablar de ti y no de los treinta mil pacíficos que íbamos contigo. 

Por otra parte, aunque te gusta unir el concepto de la no violencia con la de miraquelindos escuchando a John Lennon o con catalinas de trenzas llevando claveles a los agentes de policía, la no violencia del 15-M no cae en ninguna pasividad o blandura, sino que hasta ahora ha sido activa, creadora y desobediente. Tú sostienes que el poder nos ve con una sonrisa porque somos pacíficos y por tanto no problemáticos, pero es al contrario, Natalia, qué ceguera, es justo lo contrario lo que se puede tocar con los dedos: somos problemáticos porque somos conflictivos y pacíficos. Hemos tomado plazas, hemos desoído a las Juntas Electorales y a las Delegaciones de Gobierno, hemos parado desahucios y redadas, nos hemos reunido en asambleas no autorizadas y gracias a eso somos el insomnio de los grandes partidos y la preocupación de los mercados. Cada vez que ha habido actos violentos, hemos actuado con mucha inteligencia y nos hemos desvinculado o hemos denunciado su manipulación torticera. Estamos trabajando de la misma manera que los movimientos que en el pasado lograron ganar la lucha contra el Servicio Militar o por los derechos de los homosexuales, conquistas que se lograron sin lanzar una botella. 

Dices que me apasiono con las actas que va publicando el grupo de Política a Largo Plazo (AQUÍ) y es cierto (lo que lamento es que tú no te apasiones con ellas), pero ¿no te das cuenta de la inmensa responsabilidad y generosidad que ha asumido ese grupo al aceptar llamarse “a largo plazo”, esto es, al aceptar desde el propio nombre su carácter inclusivo y su falta de urgencia? ¿No podrías tú y los que piensan como tú tener un poco de la misma generosidad? Dices que para sumarme al 15-M he dejado en casa mi radicalidad de siempre: en efecto, en eso estriba mi responsabilidad y mi aceptación del otro, de los otros. Pero mucho ojo: mi pacifismo viene de siempre y te recuerdo que fui condenado a cuatro años de inhabilitación a cargos públicos por negarme a cumplir el Servicio Militar. En cuanto a tu ataque demofóbico a las mayorías, ni te voy a contestar, porque me parece una bajeza por tu parte compararla con los peperos y granhermanos; si algo ha demostrado esta mayoría que estamos creando, es que es una mayoría inteligente. 

Entiendo muy bien que tengas 21 años y te vaya la marcha y te ponga mucho pasar una noche en comisaría y tener una batallita que contar cuando seas abuelita, pero, ¿sabes? Te voy a proponer una cosa. He leído una entrada en tu blog a la altura intelectual que se te supone :) :) : me refiero a aquella en la que te proclamas fan de Nacho Vegas y te ofreces a tirarle el sujetador y pedirle un hijo (AQUÍ). Pues bien: vete a los conciertos de Nacho Vegas o quédate en casa escuchando sus discos, pero no vengas a las manifestaciones a montarla porque el grueso del 15-M desaprueba la violencia y no queremos reventadores y mucho menos reventadores que trabajen “por nuestro bien”. Queremos cambiar el mundo; no destruirlo. Queremos convencer a los demás; no imponerles nuestro proyecto.


PALABRAS DE MALA CRIANZA:
¿Debería recurrir el 15-M a la violencia para lograr sus objetivos? 


Vamos a ver, a mí la ética no me la suda, lo que ocurre es que, como ya te dije un día, me parece que deberíamos empezar a plantearnos si conceptos tan inasibles y peliagudos como “bien” y “mal” no nos proporcionan más complicaciones que facilidades. De ahí quizás me venga el protestantismo católico apostólico romano que tú dices, porque Jesús fue un tipo violento en algunos contados y fabulosos episodios. Ah, y quiero decir que no amenacé con dejar de leer tu blog, simplemente dejé de hacerlo (es cierto, un día y medio). Nunca he censurado ninguno de sus contenidos, partiendo de la base de que no tengo ningún derecho a hacerlo (¿ves que sí albergo cierto sentido ético?). Más aún, me molestaron las alusiones eroticofestivas a los casos de pederastia, y me ofendió por la parte que les toca a los niños. Alusiones que tú mismo autocensuraste al fin y al cabo, y no me digas que por recuperar a un lector, porque tu orgullo es mucho más potente que eso. Aunque ya sé que a ti te gusta pensar que fue por Russell o Nietzsche y porque soy bruta, cuadrada, dogmática e intransigente.

Dicho esto, yo también te puedo hablar de razones estratégicas que convierten la violencia en un instrumento de cambio bastante prometedor. (Joder ¿Estamos locos? Ha llegado un punto en que hasta a mí me suela a palabrota). Empezar aclarando la obviedad de que la violencia es gradual. No es lo mismo meter un dedo en un ojo que lanzar un cóctel molotov, no es lo mismo tirar ese mismo cóctel antes o después de una carga policial injustificada. Nos pasamos la vida autocensurándonos. Gordo, me dices que me quede en mi casa porque soy violenta (a mí, que no me han identificado nunca en una manifestación). Dices también que el grueso del movimiento es pacifista; ya, claro, entonces apaga y vámonos, porque el grueso de la sociedad española es pepera, conservadora y fanática de Gran Hermano: al parecer lo que prevalece es sinónimo de mayoría. ¿Qué pasa, Batania, nos hemos creído la democracia que nos venden? ¿Entonces qué hacemos en lucha? Sabemos que no es así, pero parece que tenemos miedo de nosotros mismos. Tú mismo eres seguidor acérrimo del grupo Política a Largo Plazo, cuyos planes muchos rechazamos, y sin embargo, en vez de defender en asamblea sus propuestas, te pliegas a lo que dice una supuesta mayoría templada de la que pasas a formar parte. Batania, eres mucho más violento de lo que predicas, (lo sé, me lo has admitido). Decía que nos pasamos la vida autocensurando la conducta del movimiento: que no bebamos, que no insultemos, que no lancemos avioncitos de papel a la policía a ver si les vamos a clavar la punta en el ojo (¡LITERAL!). Y esperamos como algo cotidiano el momento en el que ellos pelen la porra por cantar demasiado alto o sentarte demasiado rato. (Nos indignamos sí, pero estamos acostumbrados). Y salimos corriendo, participando del teatro de sus obligaciones, que consisten en disolvernos. Que mañana montamos otra, volverán y la disolverán. Ad nauseam. Eso si no nos quedamos a esperar con las manos en alto que nos partan la frente, justificando el golpe a fuerza de estatismo (“La pegué porque no se disolvía”). Y no sólo los antidisturbios, pienso ahora en esas maravillosas e infranqueables barreras de vallas azules que me remiten al Ángel exterminador (El chiste surrealista de los burgueses que no entendiste en la peli de Woody Allen). Milagro de metáfora de nuestra libertad psicológica esa barrera, somos rebeldes hasta aquí, somos indignados hasta aquí. Lo único que digo es que, si queremos salir del redil, algún día habrá que pensarse lo de saltar esa barrera, sin matar a nadie, pero con un poquito de empaque, joder. No nos pertenece una plaza que nos pueden quitar cuando quieran, como no nos pertenece una casa que nos pueden quitar cuando quieran. La calle no es nuestra todavía, la estamos luchando, y con anarkomeflores como tú (por no hablar de los reformistas ofendidos con las nuevas leyes de tráfico) engrosando nuestras hordas revolucionarias, ellos llevan todas las de ganar. Ellos son los que realmente no tienen ningún conflicto ético, sus porras son legítimas, sus cárceles son legítimas, sus barreras son legítimas, sus leyes lo son. ¿Quién los legitima? Ellos mismos, amparándose en el jodido engaño del contrato social. Apelando a la historia, recuerdo que ese pacto se disuelve por la fuerza, que al Leviatán no se lo detiene con margaritas.

Ah, y basta ya, a la mierda la opinión pública, parecemos tontos, nos creemos que realmente les caemos bien o mal por ser pacíficos o violentos, no olvidemos quién pone la pasta en los telediarios, lo que pasa es que si somos pacíficos no somos problemáticos. Y si nos volvemos pacíficos pero problemáticos, nos quitan la plaza, nos cortan la calle y a la mínima nos pegan igual… La católica seré yo pero tú tienes un complejo de mártir que no te lo aguantas. Si yo tiro una piedra se hablará de mí, y muy mal, pero si todos tiramos la piedra, si todos saltamos la valla y llegamos al Congreso, si todos empujamos hasta tirar al suelo al policía que detiene injustamente a un compañero, ya veremos si cambia o no cambia la cosa, se hable o no se hable, bien o mal, me da lo mismo.