miércoles 28 de septiembre de 2011

Catorce meteoros negros


• • • Tendría que haberme matado cuando murió mi padre. Pero qué me voy a matar, si para eso hace falta algún brío y yo tengo miedo hasta de mi propia respiración. Los hay que son valientes y los demás escribimos poemas.

• • • Que haya venido a Madrid y me haya puesto a escribir sin ninguna vocación, que esté cargando con el fardo de las letras cuando la literatura me importa cero, es que lo pienso un poco y es increíble. Soy un caso modelo de endemoniado, estoy seguro.

• • • De qué color es la muerte. Quiero saber. Los vivos no me interesan nada.

• • • Recuerdo que en Lauros se decía que mi padre se volvió loco a partir de los 45 años. Cuarenta y cinco años. Yo tengo 37. Me quedan ocho para seguir viendo las cosas como son. ¿O quizá como no son?

• • • No voy a tener cojones para acabar El hijo de Puskas. Lo noto. Me dedico a escribir los capítulos folclóricos porque no tengo redaños para dirigirme al centro.

• • • Sobre el esfuerzo físico que necesito para escribir sobre mi padre y sobre Iratxe. Acabo un texto sobre ellos y tengo que ingerir de inmediato dos platos de comida, porque me quedo literalmente vacío.

• • • Qué cansancio este de recoger los cristales de mi padre muerto. Cuántos cristales. Miles de cristales. Y ahora, los cristales de Iratxe. Más cristales. Millones de cristales.

• • • Pero no consigo ser sombrío. No duro apenas. Es una gran ventaja. Siempre he pensado que lo más importante es el primer disparo, que nada más nacer le decimos sí o no a la vida. Yo dije sí.

• • • Iratxe y mi padre. Cuando vivían no eran tan fieros. Pero ahora. Creo que hasta quedan juntos y hablan de mí. Me los imagino. Se ríen a carcajadas.

• • • Tenía un muerto. Ahora tengo dos. Un muerto y una muerta. Les doy de beber todos los días. Es importante la bebida. Para que no se mueran en serio.

• • • Por lo menos, estoy totalmente solo. Gracias a dios que estoy solo. Tener amigos y esas mierdas, vamos, lo único que me faltaba.

• • • En marzo estuve peor. Bebía. No sólo porque me gustara beber: lo que me gustaba era mirarme al espejo mientras bebía; hallaba placer en humillarme, en decirme qué grande eres, Batania, pero qué grandísima basura.

• • • Iratxe arruina los bosques de coníferas. Iratxe incendia los campos de trigo. Iratxe asalta los supermercados y deja en la caja tulipanes amarillos. Iratxe crece dentro de mí, la siento crecer, qué desgracia.

• • • Pero escribo. Sigo adelante. La vocación se puede inventar. El talento es una suma de esfuerzos artificiales. Sigo adelante. Los próximos meteoros serán blancos.
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