Vienen algunos de los mejores días de nuestra vida, estoy seguro, los días o meses o años que darán un vuelco a este esperpento de polvos de talco, porque todas las maneras que usa el poder para seguir presentándose como La Gran Objetividad han sido desveladas y denunciadas, y ahora los señores del partido bicéfalo se parecen a ese mago cuyos trucos hubieran sido publicados en la portada del The Washington Post. Aquí hay dos partidos que son el mismo y su política está solapada y tutelada por los poderes económicos y religiosos. Aquí existe una constitución y un sistema electoral inamovibles y a medida de ese Partido Cipayo que sin embargo pueden cambiarse cuando vienen los jefes reales y tocan a botasilla; aquí se ordena a los cuerpos de seguridad que se salten todas las cartas de derechos humanos; aquí se miente y se delinque y se da asco en nombre de la verdad y la justicia y la democracia. Pero ya han sido denunciados. Sólo queda rematarlos. Sin prisa: por qué íbamos a tener prisa. Sin rencor: por qué íbamos a fruncir el ceño ahora que vamos ganando.
.
