Desde mi primera juventud sentí un despego instintivo -que luego había de ser antipatía conciente- por la literatura clásica castellana. Lo que yo sentía ya en mí -afán espiritual e ideal- no lo encontraba en nada de ella, y anteveía vagamente, por atisbos y deducciones, que estaba en otras literaturas -en la inglesa, la alemana, la francsa-. La literatura inglesa me atrajo siempre especialmente y puede decirse que mi primera grande admiración fue después de leer "Hamlet", en edición francesa.
La literatura castellana: retórica y realismo, sin más, si se exceptúa algo del Quijote.
Góngora, sí. Algo universal de Bécquer. Y nada más. Siempre odié a los románticos nuestros, tan pobres. ¡Y no digo nada a Núñez de Arce, Campoamor, etc.! ¡Dioses de aquellos días!
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Ideolojía, Anthropos, Barcelona, 1990, pág. 92
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