El comentario sobre este desagradable asunto entre dos grandes poetas como Lorca y Hernández no debe pillar al lector desprevenido. Se han dado suficientes pistas en esta biografía como para hallar respuesta a alguna de las razones que motivaron este distanciamiento. Desde luego, testimonios no faltan. María Zambrano da cuenta de ello en un capítulo de su libro Andalucía, sueño y realidad: "Toda aquella pléyade de poetas lo acogió como mejor podía, con excepción de un poeta prometido al sacrificio en modo fulgurante, que experimentaba una especie de alergia por su presencia personal. Y de ello poco supe, pues Miguel acusaba la tristeza, más no la causa." Morelli afirma por su parte que el mismo Aleixandre le habló "de Federico García Lorca y de su sentimiento de incomprensión hacia la persona de Hernández". Pero quizá sea Juan Cano Ballesta quien se muestra más claro a este respecto cuando afirma que "los dos se movían en mundos muy diversos. El uno pobre provinciano y poeta incipiente, el otro en la cumbre de su prestigio intelectual y social. Éste refinado, culto, exquisito; aquel rústico, inocente, voraz lector, pero poco instruido". Lo que resulta evidente es que Lorca nunca acudió a la llamada desesperada de Hernández. De la media docena de cartas que el oriolano envió a su admirado poeta, sólo una de ellas fue contestada por el granadino; y no se trataba ya de un desinterés provocado por las muchas ocupaciones de éste -mimado por la fama y aclamado en tantos lugares-, sino de un abierto desdén hacia ese muchacho que no supo ocultar la vanidad y la insolencia cuando recabó por primera vez su ayuda. Si a este percance le unimos el hecho demostrado de que la sola presencia de Miguel le desagradaba, le resultaba agobiante y le producía un rechazo que no siempre conseguía disimular, estaremos hablando de un problema más profundo que afecta ya a prejuicios de otra índole: "Tanto Federico como Cernuda -comenta Agustín Sánchez Vidal- rehuían abiertamente a Hernández, encontrando propias de un cierto exhibicionismo rusticano las esparteñas que calzaba el poeta".
JOSÉ LUIS FERRIS, Miguel Hernández: Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, Temas de Hoy, Madrid, 2002, pág. 245
.
