.
En mayo de 1926 Dalí vuelve a Madrid para los exámenes de fin de curso en la Escuela Especial de San Fernando, de la cual, como alumno libre, ha estado ausente durante el año académico que ahora llega a su término. Él y Lorca no se han visto desde el verano anterior, pero han estado en estrecho contacto por carta..
Es probable que durante mayo tuviera lugar, quizá pero no necesariamente en la Residencia, una escena que el pintor no evocaría públicamente hasta 1966. Al ser preguntado entonces por Alain Bosquet cómo eran sus relaciones con Lorca durante el período en que el poeta trabajaba en la Oda a Salvador Dalí, contestó el pintor:
Era pederasta, como se sabe, y estaba locamente enamorado de mí. Trató dos veces de... lo que me pertubó muchísimo, porque yo no era pederasta y no estaba dispuesto a ceder. Además, me hacía daño. O sea que no pasó nada. Yo me sentía halagado desde el punto de vista del prestigio. ¡En el fondo me hacía la reflexión de que era un gran poeta y que le debía una pequeña parte del agujero del c... del Divino Dalí!
Dalí explicó a continuación que, debido a su negativa, el poeta se había visto empujado a "sacrificar" a una chica conocida de los dos, practicando con ella el primer coito de su vida. Veinte años más tarde Dalí revelaría que la muchacha en cuestión era una compañera suya en la Escuela Especial llamada Margarita Manso, chica muy joven con la ventaja, desde el punto de vista de Lorca, de tener seños pequeños ("Federico odiaba los pechos de las mujeres").
Según Rafael Santos Torroella, descubridor y máximo especialista de la "época Lorca" de Dalí, el pintor no mentía nunca cuando hablaba de las experiencias realmente fundamentales de su vida, aunque no las confesara todas, o las disfrazara. El crítico está convencido, además, de que la tan cacareada paranoia de Dalí era consecuencia de la resistencia radical del pintor a ceder a sus tendencias homosexuales, y también de que la poderosa atracción que Lorca acabaría ejerciendo sobre él sería causa del consiguiente distanciamiento entre ambos. Parece fuera de duda, de todas maneras, que la creciente pasión de Lorca por Dalí dio lugar a varios intentos de posesión física.
.
.
IAN GIBSON, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, Ediciones Folio, L`Hospitalet, 2003, págs. 217 y 218. Traducción del propio Ian Gibson
.