Por tu vida, Lopillo, que me borreslas diez y nueve torres del escudo,
porque aunque todas son de viento, dudo
que tengas viento para tantas torres.
¡Válgante las de Arcadia! ¿No te corres
de armar de un pavés noble a un pastor rudo?
¡Oh tronco de Nicol, Nabar barbudo!
¡Oh brazos Leganeses y Vinorres!
No le dejéis en el blasón almena;
vuelva a su oficio, y al rocín alado,
en el teatro sáquele los reznos.
No fabrique más torres sobre arena,
si no es que ya, segunda vez casado,
nos quiere hacer torres los torreznos.
LUIS DE GÓNGORA, recogido por Ramón Gómez de la Serna en Quevedo, Espasa-Calpe, colección Austral, 1962, Madrid, pág. 91
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