domingo, 12 de septiembre de 2010

TROYA LITERARIA (203): Rafael Reig contra "Viajes por el scriptorium", de Paul Auster

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D. Paul es un escritor apreciable, conocido por su buena planta, por su convicción de resultar atractivo, por lo bien que le sientan los vaqueros y por utilizar una vieja máquina de escribir a la que ha dedicado un libro entero para mayor instrucción y deleite de sus lectores incondicionales. D. Paul tiene ya cierta edad y su imaginación no es tan fértil como solía. Para decirlo a la manera del letrado Sr. Hemingway, "el viejo campeón comienza a aflojar el paso". A D. Paul se le ocurrió de pronto la idea de escribir una novela sobre sí mismo, sobre cuánto le gusta ser escritor, sobre lo importante que a él le parece esta dedicación suya y lo satisfecho que se siente de las novelas que ha escrito. Luego pensó sazonarla con una "reflexión puramente austeriana" (según la contraportada, que tenía ya pensada desde el colegio: qué es ser un creador, la grandeza y trivialidad de inventar algo, etc.) Hasta aquí no se aprecia indicio de ilícto penal y, si hubiera mantenido dicho escrito en un cajón de su dichoso scriptorium, en nada habría lesionado los derechos fundamentales de los lectores. Lo que merece el más severo reproche penal es que D. Paul se haya dejado convencer de que semejante pamplina merece ser publicada, traducida y vendida como si fuera una novela, con la agravante de presentar "una enigmática y fascinante reflexión [...] sobre las inextricables relaciones entre lenguaje, memoria e identidad", lo que no es más que un borrador de novela escrito con torpeza manifiesta y una ambición muy por encima de las posibilidades del autor.
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RAFAEL REIG, Visto para sentencia, Caballo de Troya, Madrid, 2008, págs. 35 y 36
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