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Los versos de Pedro Salinas están dedicados, como ya he dicho, a su amante norteamericana, Katherine Whitmore, de la cual se conserva un copioso epistolario, que algún día se supone se publicará. Las cartas de la esposa se publicaron ya; las de la amante yacen todavía bajo la hipocresía y el miedo. Un proyecto de obras completas de Salinas que intenté llevar a cabo con la Comunidad de Madrid y la editorial Alfaguara se vino abajo por la decisión de la hija del poeta de no permitir la publicación de ese epistolario; Jaime Salinas no había puesto ningún inconveniente. Estaba el dinero, estaban los preparadores, estaba todo; faltaban la sinceridad, la transparencia, el genuino amor. Consecuencia: esas trescientas cartas siguen inéditas. Y el amor verdadero que se tuvieron don Pedro y Katherine seguirá tapado por los silencios, aunque los versos sigan gritando su verdad, por más que circulen a veces en ediciones donde no se hace una sola referencia a la pasión que los inspiró...
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MIGUEL GARCÍA POSADA, Cuando el aire no es nuestro. Memorias II, Península, Barcelona, 2001, págs. 286 y 287
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MIGUEL GARCÍA POSADA, Cuando el aire no es nuestro. Memorias II, Península, Barcelona, 2001, págs. 286 y 287
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