martes 29 de junio de 2010

Argüelles, martes, 4:30

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O sea, que no saben el nivel que tienen. Y te asaltan piratas y nocturnos para preguntarte sobre la calidad de su último libro, la última entrada del blog, su poesía. Vamos a ver. Yo jamás pregunto a nadie sobre mi calidad literaria. La nota me la pongo yo mismo. Tampoco yo conozco con precisión relojera mi valor poético, pero cuando quiero calibrarme utilizo el sistema que sigue: abro mis libros de Quevedo en la edición de Blecua y leo por cualquier página. No mucho: tres o cuatro minutos, nunca llego a cinco. La vergüenza que suelo pasar durante ese tiempo me es suficiente para hacerme una idea de mi nivel y para que se me vayan todos los pájaros de la cabeza. Es un sistema que no falla, made in neorrabioso, y me ahorra tener que ir cual abejorro de doble plomo mareando al personal y poniendo ojitos. Porque lo peor son los ojitos de cordero que ponéis, cabrones, a ver quién os dice la verdad con esos ojitos.
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