Bárbara Butragueño sacó el domingo el lado canalla que le viborea en el reverso de la carne y nos recitó un poema ametralladora que dejó los vasos temblando, los corazones temblando y las manos sudadas por los nervios y los aplausos. Mucho cuidado con este ejemplar, os aviso: las ciervas parecen animales pacíficos, pero se pueden violentar si te acercas al lugar de su camada.
Se llenó el Malatesta el día en que Bárbara cumplía veinticuatro años. La capacidad de convocatoria del impacto butragueñista no desmaya. Compareció Jesús Malia. Compareció Bolo. Alfonso López. Olalla Pazos. Carlos Salem. Óscar Aguado. Paco Sevilla. Valentina Trio. Danilac. José Alegre. Arturo Martínez. Gonzalo Escudero. Enrique Belda. Ignacio Navas. José Luis Zúñiga. Sergio Cruz Placer y otros que me olvido. El organizador del ciclo
El tren vertical,
Alfonso López, que ha escrito en su bitácora una bella entrada sobre lo que sucedió esa noche (
AQUÍ), presentó a BB como una de las mejores poetas jóvenes de Madrid, pero
Bolo no estaba de acuerdo y así lo gritó desde el público:

–¡La mejor! ¡Es la mejor! ¡Ella y la marihuana, las mejores!
Butragueño comenzó recitando algunos poemas que ha escrito en los últimos meses, entre los que destacaron
.asimov. (vol. I), donde espiga en sembríos no específicamente literarios, y
.erigirme.isla. (
AQUÍ), mi favorito, donde BB demuestra que se puede adentrar en lo social sin que sea obligatorio empobrecer la expresión. Pero lo mejor de la noche llegó tras el descanso, que fue amenizado por el grupo musical
Rimbaud is not dead: BB recuperó el micrófono y, tras unos avisos y excusas innecesarias, recitó un poema,
Oda a la maldad, que fue el látigo, el salivazo de la noche, la arcada, la bala contra el revólver, el súmmum, la hostia.
–¿Y ese poema no lo podemos leer en su blog? –me preguntaban
José Alegre y
José Luis Zúñiga.
No, no se puede. Al menos de momento, porque no lo ha publicado. El poema es un libelo feroz contra la mediocridad y es insólito en la línea de BB, siempre intransitiva, que suele flagelarse en sus versos pero nunca había flagelado a nada ni a nadie. Al menos hasta este domingo. Bárbara terminó su actuación recitando dos poemas confesionales perturbadores y hubo de ofrecer, a petición del público, otros dos de añadidura. Esto último me parece de reseñar, porque he asistido a muchos recitales en que lo mejor que se pudo decir de ellos es que ya se habían terminado.
Conversé con
Danilac y
Valentina Trio, con quien celebré el noveno título mundial de Valentino Rossi, ese poeta de la moto. Valentina me recomendó la lectura de Alda Merini. También departí con
Carlos Salem, que venía de una gira por Francia, donde está disfrutando de un éxito rotundo su novela
Aller Simple, que es la traducción de
Camino de Ida (Salto de página) y de la que luce un tatuaje en su brazo izquierdo.
Aller Simple lleva más de diez mil ejemplares vendidos entre los galos. Ya me dijo
Marcus Versus que Carlos, como Borges, se va a imponer a lo grande por la vía francesa. Salem me anunció la aparición inminente de su nuevo libro de relatos,
Yo lloré con Terminator 2 (Relatos de Cerveza-ficción), que sale en Ediciones Escalera.
Con
Arturo Martínez volví a hablar del partido de fútbol poetas obvios vs poetas elípticos, asunto éste cuyas réplicas y contrarréplicas amenazan con prolongarse hasta 2065. Arturo, que hizo de portero, aún no ha superado la derrota.
–Pues algunos de tu equipo –le dije– estaban contentos después de la debacle, lo que no me explico. Si perder un partido de fútbol les da igual, ya no quiero saber más: ni de ellos ni de su poesía.
–Qué razón tienes, Batania, con lo que jode perder, eso es lo último, yo pienso lo mismo.
Arturo me insistió en la justeza de la postura de Rimbaud y me trasladó una rara teoría según la cual el genio francés abandonó la poesía tan joven porque se dio cuenta de que sus escritos eran meros estornudos de mosca ante la inmensa complejidad del universo. También hablé con José Luis Zúñiga, a quien le felicité por su finalísima en el concurso de
Poesía eres tú con el poemario que se llama igual que su blog,
Tiempo a destiempo.
Gonzalo, por su parte, se ha borrado del equipo de poetas obvios y anuncia que en el próximo ejercerá de árbitro, profesión de riesgo. Gonzalo se animó a tocar la armónica con los
Rimbaud is not dead durante el descanso.
Eran las doce de la noche cuando viré hacia el lugar donde trabajo, aún con el recuerdo del talento de Bárbara, la poeta
maverick, apelativo que dan los tejanos a las reses que se apartan de la manada y se ponen a pastar solas. Ayer pude leer en el blog de José Alegre un poema (
AQUÍ),
Bárbara se atreve a ser grande, donde se puede comprobar el impacto que supuso el poema cuchillo. También me he encontrado, en el blog de BB (
AQUÍ), dos versos que ha dejado Alfonso López y que ayudan a comprender la magia que vivimos el domingo. Pertenecen a Shelley y dicen así: “No despertéis jamás a la serpiente / dejad que se deslice silente entre la hierba”.
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