martes 13 de enero de 2009

ANECDOTARIO DE POETAS (26): El día en que Bolaño conoció a Olvido García Valdés

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No sabía, entonces, que esa Olvido era Olvido García Valdés, por muchos considerada la mejor poeta española del siglo, lo que dicho así suena tremendo, pero que no lo es tanto si consideramos la escasez de voces femeninas en la poesía española del siglo XX. Bueno, ése era mi bagaje antes de viajar a Toledo y pasar unos días allí. Había leído a Miguel de forma concienzuda y cada lectura me lo hacía más cercano. No había leído a Olvido (aunque a ella sí que la conocía de nombre mucho antes de conocer a Miguel) y lo que la gente me contaba de ella era desmesurado y más bien atemorizador. Había quien la comparaba con Santa Teresa, otros decían que era demasiado seria, acaso hosca, y había quienes aseguraban que su altivez dejaba helados a quienes la conocían. Busqué una foto suya. Encontré una en donde aparecía con un grupo de escritores, pero la reproducción era borrosa. En otra, publicada en una revista de poesía, se la veía en compañía de viejos poetas madrileños que la rodeaban como en el cuadro de Poussin Susana y los viejos. Finalmente fui a una librería en Barcelona y busqué un libro suyo, pero me dijeron que sus libros más recientes estaban agotados y en el único que tenían no había foto alguna. Así que partimos a Toledo sin un rostro de Olvido García Valdés. Lo que finalmente encontramos excedió todas nuestras expectativas. En un solo día recorrimos, de la mano de Miguel pero sobre todo de la mano de Olvido, todas las sinagogas, mezquitas y catedrales que hay en Toledo. Comimos y cenamos opíparamente. En la primera juguetería por la que pasamos Olvido le compró a mi hijo tres juguetes. Mi hijo, evidentemente, quedó prendado de ella. Y ya que estábamos en plan rabelesiano, esa noche, después de darme una ducha, leí de un tirón Ella, los pájaros, un conjunto de poemas de Olvido que me deslumbró como sólo puede deslumbrar la poesía verdadera. Mucho después, cuando ya estaba en Blanes y lejos de Toledo, leí Caza Nocturna, el último libro de Olvido García Valdés (Ave del Paraíso, 1997) y mi admiración por ella, si cabe, creció aún más. Casi no tenemos nada en común. Los poetas que a ella le gustan a mí no me gustan y viceversa.
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ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, págs. 122-123
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