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Francisco Cervantes relata una anécdota que recrea el espíritu inquieto de Pessoa: era habitual durante su noviazgo con Ofelia de Queiroz que Pessoa la acompañara en su recorrido por tranvía a orillas del Tajo y que hiciera gestos para divertirla. En cierta ocasión, fingiéndose el ave ibis, con los pantalones arremangados y apoyándose en una sola pierna, fue sorprendido por unos niños que, divertidos, parecían comprenderlo. Después escribió: “El ibis, el ave de Egipto, / descansa siempre sobre un pie, / lo que / es extraño. / Es un ave calmada, / porque así no anda nada”..
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ALEJANDRO GARCÍA, Mi infancia en todos los lugares, Correo del Maestro, Nº 127, Diciembre 2006. Todo el artículo AQUÍ
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ALEJANDRO GARCÍA, Mi infancia en todos los lugares, Correo del Maestro, Nº 127, Diciembre 2006. Todo el artículo AQUÍ
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